Funeral

Nunca lo he entendido. Sabemos que vamos a morir como ratas, arrojados como bolsas de basura al estercolero, y actuamos con total normalidad, excepto en el momento preciso, de cuyo advenimiento teníamos noticia certera. Llorar ante el féretro es hipócrita. Criminal como la muerte.

Laura me cogía de la mano, y yo se la retiraba todo el tiempo; no quiero ver el rostro del abuelo, ya te lo he dicho, le han puesto dos bolitas de algodón en las fosas nasales para que no se le escurran los sesos, no necesito verlo, pero todos los demás, mirones obscenos, gozaban con ansiedad del macabro espectáculo, igual que cuando la gente come palomitas mientras ve en el cine una película de terror. Pero Laura insistía, yo tuve que marcharme para no herirla, para evitar que la situación se volviera aún más violenta, salí del tanatorio y la luz del sol se estrelló en mis ojos, como un puñetazo; el borracho del pueblo empinaba la cubeta como si no hubiera mañana y yo se la arrebaté, sin permiso, bebía desesperado sin dejar de mirar al sol, con la esperanza de quedarme ciego,

La muerte nos humilla. No lloréis ante mi féretro.

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